Blog Vacation Acapulco / Turismo en Acapulco: Cuando vengas a Acapulco, échame un gritoSegun lainsignia.org hay distintos tipos de turismo. El arrabalero, que consiste en recluirse en cuanto congal se nos ponga enfrente. El turismo de gorra, para lo cual se necesita que algún amigo o familiar salga de viaje para pegarse y disfrutar un descanso a costa del prójimo (esta categoría es peligrosa porque tus parientes y camaradas huirán de ti). También está el ecológico, que no es otra cosa que ir a llenar de basura todo espacio natural tengamos al alcance. Otro no menos importante, practicado por muchos, es el turismo psicotrópico. Este tipo de viaje requiere de cierta planificación, conocimiento del punto a visitar, contactos suficientes y dinero, sin el que no se garantiza ningún tipo de alteración del sistema nervioso; de modo que no debe temblarnos la mano si hay que tomar los ahorros de la abuela, el cochinito de nuestro hermano menor y algunos billetes de la cartera materna. Acapulco es la meca del turismo nacional. Alguna vez en su vida, todo mexicano debe visitar este destino que ofrece diferentes alternativas para días de solaz: desde la clásica ida a la playa para tostarse como papa frita, hasta una agencia de viajes (ver ofertas viajes) siderales de reconocido prestigio en todo el país y el extranjero. Consciente de eso entro en contacto con el acapulqueño Alejandro Alvarado, especialista en paraísos artificiales y fotógrafo de profesión. Acostumbrados a conectes discretos que se mimetizan en cualquier escenario, Alvarado es todo lo contrario. Parece un guitarrista de heavy metal sometido a un ejercitamiento similar al de Rocky Balboa. Viste como guerrillero del EPR y usa unos lentes de sol que posiblemente hurtó de un taller de soldadura. Sin embargo, Alvarado me asegura que conoce lugares exactos para comprar sustancias y otros no menos apropiados para consumirlas. Nos saludamos para cerrar el trato. Mis acompañantes enfilan hacia playa Tamarindos. Alvarado y yo nos vamos a buscar combustible para la máquina del tiempo, como bien dijera Rodrigo González. Primero compramos un poco de cerveza, lo cual no es ningún problema, porque en Acapulco hay más expendios de bebidas que todas las escuelas juntas. Apenas es mediodía y el calor derrite todo lo que toca. Las oleadas de calor y brisa marina me provocan pensamientos insanos, como vivir en el refrigerador de algún oxxo. Ya con dos six de barrilitos (quien venga a Acapulco y no beba barrilitos, entonces no vino) nos vamos en busca de la famosísima y legendaria golden. Alvarado me dice que en los últimos años la yerba es más fuerte. Su hipótesis es por el uso de productos químicos para su cultivo, el calentamiento global, el proceso para secarla, la mezcla de especies y sobre todo, su creciente demanda. Enfilamos hacia el zócalo. La zona más antigua de la ciudad. Alvarado me pide que no mencione el lugar exacto (según historiadores, la Corona española construyó en este sitio el primer pozo que surtía de agua a todo el puerto). El panorama en esta zona de la ciudad no es muy distinto a las favelas brasileñas. Desorden urbano. Calles irregulares y estrechas. Casas hasta debajo de las piedras. La gente va y viene. Señoras con el mandado, empleados de todo tipo, tipos en short y otros bien catrines. Incluso vemos varios hombres-mono que nos siguen con la vista. Las sandalias que usa la mayoría de los transeúntes, nos recuerdan que estamos en Acapulco, por si mi subconciente empezaba a extraviarse. Entramos a una vivienda que por fuera parece común, pero dentro ofrece un surtido amplio de artículos fumables, inhalables o comestibles. Incluso hay alguien instalado en una especie de caja, donde pagas y te dan tu producto. Quiero un poco de mois, afirmo. 50 varos el guato, contesta el tendero. Miro a Alvarado y con un abrir y cerrar de ojos me indica que con eso basta. Un tanto incrédulo, pago y me dan no una, sino dos velas. Salgo de ahí con la cara de un niño que fue al Mc Donalds. En el camino, pregunto a Alvarado sobre si conseguir material en la playa es fiable. Con la misma seguridad de John McClane, me dice que es lugar menos indicado para la compra de esos menesteres, por la abundancia de policías (que no te llevarán por consumirla, sino por no compartirla) y mirones. “Cuando vengas a Acapulco, échame un grito -me dice. No me gusta que haya gandallas que nomás le dan baje a los turistas. Nada que te piden lana y luego ya no regresan. Nel. Pagando y dando. Tosiendo y escupiendo”. Alvarado resulta todo un defensor de los paraísos artificiales y enemigo número uno de los malviajes. Llegamos con mi banda, que aunque numerosa, logra ponerse en sintonía con el guato. Alguien saca algunas manzanas para cerrar con broche de oro aquella quemazón. Tras varias caladas, partimos las frutas y cada quien come un poco. El tetrahidro canabidol nos lleva a deducciones insospechadas, detalles exagerados, vértigos continuos y sed, mucha sed. Luego de tres horas de pachequez, el hambre y cansancio nos indican que hay que moverse. La noche se anuncia en el horizonte y aún hay mucho por hacer en la “bahía más hermosa de mundo”, según sus promotores. Volver a HOMEPost relacionados ![]()
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